El espejo imperfecto

12 11 2009

El espejo del azogue imperfecto me devuelve destellos discontinuos de una escena mil veces ensayada, miles de veces olvidada: callado, mudo, mutable (inmutable), me devuelve luces, sombras (sombras fugaces del ayer) ecos (ecos lejanos viajando en el tiempo) que se suceden ante mis ojos ajenos al despliegue de una danza íntima (audaz) del ayer y el hoy mientras me arreglo (maquillaje suave) y repaso la agenda del día, la de un día cualquiera, como el de hoy. Listo. Estoy lista. El espejo del azogue imperfecto fragmenta mis preparativos de último momento como en un flashback de película (o flashforward, quizás). Se hace tarde (7:05). Me apuro. Bolso y celular en mano, salgo. Taxi! En exactos siete minutos llego a destino. Colegas, palabras sueltas, ideas emergentes (urgentes), planes, cambios, ajustes, desayuno: así, la vorágine de lo cotidiano lleva mis pensamientos a otros lados (me lleva a otros lados) y él queda atrás, en pausa, en medio de una habitación desordenada. Sí, el espejo del azogue imperfecto, el de las escenas múltiples, el que ahora apacigua las voces del ayer (ayer es hoy, también) y recoge los hilos de las primeras luces de la madrugada, espera (me espera). Paciente, hilvana, deshilvana, sonríe, dormita y espera. Sí, el espejo del azogue imperfecto me espera.


Acciones

Información

Dejar un comentario